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Nací en un país que se
llamaba Yugoslavia. Cuando tenía ocho años fuimos
organizadores de los juegos olímpicos invernales en Sarajevo.
Recuerdo el entusiasmo que había en nuestra escuela cuando
Jure Franko, que era de mi ciudad, ganó la medalla de
plata. No mucho mas tarde la geografía europea cambió
radicalmente. En nuestro caso todo empezó en 1991, el
dia que acabé la escuela elemental. De repente dejamos
de ser hermanos.
Los eventos que ocurrieron primero en Eslovenia, luego en Croacia,
Bosnia, Kosovo y Serbia los tenemos todos más o menos
claros. Fueron uno de los temas principales de los medios de
comunicación durante varios años, y no es mi intención
explicarlos y hablar de ellos. Lo que presento es un trabajo
sobre lo que queda en el día de hoy de esta »célebre«
ciudad que hospedó las olimpiadas. No sólo de
la ciudad sino también de vastas regiones de pueblos
en algunas ex-repúblicas de la antigua Yugoslavia.
Como en el caso de Bosansko Grahovo, que hoy es una ciudad "fantasma"
pero hace años en Yugoslavia era un centro importante
de la región. Entre las ruinas de la ciudad, que fue
quemada completamente, se encuentra "Dom Kulture Gavrilov
Princip" (Centro Cultural Gavrilov Princip). Fue construído
en el país natal y en honor al hombre que el 28 junio
del 1914 asesinó al archiduque Francisco José
(heredero al trono del Imperio Austro-Húngaro) y fue
la chispa que provocó la Primera Guerra Mundial. Después
de menos de un siglo y tres guerras la ciudad quedó deshabitada,
pero repleta de recientes monumentos a los nuevos héroes.
La misma suerte tocó a muchísimos pueblos, regiones
enteras que todavía siguen vacías, o casi. Los
jóvenes no vuelven porque no hay nada, no hay escuelas,
fábricas... Los pocos que han vuelto son los ancianos.
A estos últimos, las ayudas internacionales, o de los
mismos que quemaron su pueblo, cubren los techos de las casas
destruídas. En la mayoría de los casos son rehabilitaciones
muy modestas, que cubren sólo una parte del edificio,
pero es suficiente para dar hogar a dos ancianos.
No es un trabajo que tiene pretensiones políticas, nacionalistas
o indentificar a los "malos".Es simplemente poner
la cámara delante, intentar hacer un fotografía
"objetiva". Aunque creo que a nosotros, a quienes
la guerra no tocó, o lo hizo solo parcialmente es difícil
comprenderlo.
En todo el trabajo, un rol determinante es el representado por
el uso de la cámara de gran formato, cuyas modalidades
operativas condicionan fuertemente la actitud mental del fotógrafo.
El lugar se escoge con tranquilidad, el encuadre es estudiado
y sopesado sin prisa, la exposición calibrada. Los tiempos
de ejecución son lentos, meditados y todo lo que se refleja
en el trabajo resulta inevitablemente "ordenado" aunque
lo que representa es el desorden.
Una parte de trabajo esta hecho de noche, aprovechando una de
las características de la fotografía que la hace
más penetrante en la oscuridad, respecto al ojo humano:
la capacidad de "sumar" la luz en las largas exposiciones,
registrando sobre la emulsión fotosensible formas y colores
que nuestra vista no percibe, o percibe de forma diferente (1).
Primoz Bizjak
1 - Guido
Cecere sobre el trabajo de Venezia, 2003
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